Oda a Elizabeth Méndez
(en el día de sus 79 años del águila)
Elizabeth,
madre del águila que aún planea
en el cielo de Luis Gonzalo,
hoy cumples setenta y nueve vueltas
alrededor de la misma luz
que te hizo mujer verdadera.
No es el final lo que se avizora:
es el horizonte que se abre
hacia los ciento veinte años
que yo también me prometí alcanzar,
para que el dolor de perderte
llegue más tarde, más suave,
cuando tus hijitos de cien años
aún puedan abrazarte
sin tanto peso en el pecho.
Gracias a ti el balance sigue siendo positivo.
Gracias a esa fe
incommensurable,
inmensurable,
inagotable,
inabarcable,
eterna,
infinita.
Con tu ejemplo aprendí
a ser mujer, madre, hermana, amiga, vecina.
Feminista de la libertad natural,
que da dos coñazos a quien la insulte
y sigue adelante en total posesión de sí misma.
Cultivas el alma
en el trajinar eterno:
libros, arte, cultura,
yoga, pilates, caminatas,
amistades, gimnasio,
pócimas, rones, whiskys, anises
y toda bebida espirituosa
que alegre el espíritu
como un carpe diem
fundido en oro cochano de Guayana.
Corazón de oro
con dos anillos de oro:
Luis y Elizabeth.
Y alrededor,
hijos, nietos, hermanos, amigos, vecinos,
prójimos del planeta entero
por quienes rezas cada día,
buscando la bondad escondida
detrás de las tonterías superfluas
de esta sociedad líquida.
Eres jovial, divertida, pícara,
lista, sagaz, audaz
como tu madre y tus abuelas centenarias.
Mitocondrias milenarias
inundan tu sangre, tus huesos, tus neuronas
con sabiduría americana, atlántica,
selvática, caribeña, andina, amazónica, llanera.
Sueño llevarte algún día
a nadar entre flores de arrecifes,
entre peces alados de colores primarios y vivaces,
entre escombros urbanos convertidos en milagro.
Admiro tu fortaleza
cada vez más fina, más porosa,
aunque parezca contra intuitivo.
La dureza de perder un hijo en el 80,
un marido en el 2004,
y las lágrimas que aún afloran
en mejillas casi perfectas de casi ochenta años.
Dios te bendiga, madre mía.
Esta pequeña oda pro vitae
es para ti.
Caché en secreto.
Shhh.
Que llegues lejos.
Que te cuidemos juntos.
Que el camino siga siendo
amor, querencias, serenidad
huraña y a la vez social,
afable y real.
Feliz cumpleaños, Elizabeth.
Madre de la historia
y del futuro que aún escribimos.